El tema del vino es tan complejo y profundo que es muy fácil perdernos o ahogarnos. Al mismo tiempo, es un tema tan actual que la mayoría tratamos de conocer e intentamos dominar para poder participar en las charlas en reuniones, comidas o catas.
Hoy quiero comentar experiencias que considero importantes y que he recopilado a lo largo de muchos años, una clase de extracto que estoy seguro al menos a alguno servirá para que en sus siguientes pláticas de vino se sienta más cómodo y relajado.
El primer tema que quiero tratar es el de la Generalización. Este fenómeno es quizá con el que me topo más seguido y en la gran mayoría de los casos, he encontrado al “Generalizador” ponerse al límite del precipicio y quedar vulnerable, en otras palabras, ponerse de pechito. El mundo del vino es tan complejo y tan globalizado que cualquier generalización resultará fácil de refutar o de exhibirse. Y no tienen que ser tan obvias y primarias como las Señoras que dicen (es real, me ha pasado): “yo sólo bebo Merlot, porque los Cabernet me dan dolor de cabeza” ??????? Creo que sobra decir lo infame que resulta esta generalización. Como si en las más de 200 regiones vitivinícolas del mundo donde se producen vinos de estas cepas, los miles de enólogos de todo tipo de formación y nivel de experiencia y las mil y una formas de obtener calidad de uva en el viñedo y las otras mil y una formas de vinificar estas uvas nos fuera a dar el mismo resultado como para que Cabernet nos de dolor de cabeza y Merlot no. Como diría la hijita de un buen amigo (enólogo por cierto): Helloooooo. Ahora resulta que a la señora le puedo ofrecer un Merlot de California de 100 pesos hecho de un viñedo joven que da 30 toneladas por hectárea y se vinificó en tanques de 100,000 litros, con todo tipo de correcciones de tartárico, taninos, color y escencia de roble, pero un Darmaggi de Angelo Gaja del Piemonte, o un Mayacamas de Napa, dos de los mejores Cabernet puros en el mundo le van a causar jaqueca! Por el estilo quedan las afirmaciones de que los vinos italianos son “ácidos y aguados”, que los vinos riojanos tienen mucha madera, que los vinos mexicanos están salados, que los vinos alemanes son dulces y baratos, que los merlot son más suaves que los cabernet y que los vinos de Francia son caros y difíciles de entender. Y lo peor de generalizar no es que quedes mal parado en una mesa, es que te estás perdiendo de disfrutar, aprender y de seguir creciendo en este mundo tan fascinante, lleno de diversidad y de sorpresas. Aguas.
De alguna manera similar resulta cuando radicalizamos nuestros consumos por tipo de uva o región productora, no sólo lo hacemos, sino que lo presumimos y buscamos justificar y defender a toda costa que son los mejores vinos del mundo. Ojo, estoy totalmente a favor que tomemos una región a la vez, la visitemos para conocer sus vinos, productores y viñedos. Si no es posible visitar la zona, conozcámosla a través de sus vinos, tratemos de probar todo lo que se pueda de ahí en los diferentes rangos de precios y leamos lo más que se pueda. Esto nos dará un conocimiento real, pero sobre todo ampliará nuestro criterio. Lo que no recomiendo es tomar una zona y defenderla como si fuera la única y la mejor; esto trae consigo una consecuencia grave: cerrarnos a probar y conocer otros vinos, y lo peor es que por más que nos especialicemos, siempre habrá alguien que la conozca mejor y haya probado más vinos que nosotros. Ojo.
Y por el amor de Dios, la frase: “el mejor vino es el que más te gusta” es totalmente refutable, debatible y suena a que estamos viviendo en los años 60. El vino es cualitativamente medible y comparable y por más que te mueras por los vinos dulces blancos de Alemania o por los Merlot de Chile del Supermercado, existe una medición cualitativa que no los hace mejor que los Riesling de Vinas Viejas de Alsacia o que los Saint Emilion Grand Cru Classe. Es mucho mejor decir, si es que estás aferrado a lo que te gusta, que “PARA MI, los vinos X, son los que más me gustan y no le hace”… pero no le hace que tus amigos ya no te dejen escoger la botella en el restaurante, o que cuando los invites a tu casa empiecen a llegar con su botella en mano. Careful.
Hay muchos otros temas que en próximos espacios platicaremos. Por lo pronto espero que con estos tres reflexionemos y sigamos haciendo del mundo del vino en Monterrey algo más fresco y placentero, menos snob, menos rígido. Salud!
Por: Humberto Falcón
humberto.falcon@hotmail.com