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La Reflexión

Reflexión

Inmersos en el tedioso entorno de los desafíos económicos mundiales, hay un maravilloso espacio para volver a lo básico, para reflexionar alrededor de nuestro propósito personal, con nuestra familia, con nuestro negocio y, desde luego con el país.

Para ello, permítame compartirle la historia de Sir Ernest Shackleton…
Fue la primer persona en preparar una expedición a la Antártica. Con una tripulación de 26 hombres zarpó del Puerto de Plymouth, Inglaterra el 1º de agosto de 1914 a bordo del Endurance.

Después de recorrer el Atlántico, llegó a la punta de Sudamérica en donde poco a poco se encontró con pequeños icebergs y bloques de hielo, hasta que se topó de frente con el continente blanco.

El 19 de enero de 1915 el barco se detuvo completamente hasta quedar atrapado por el hielo. Sin más alternativa, Shackleton decidió esperar el regreso de la primavera a través del largo, oscuro y frío invierno de la Antártica. Desde luego que la tripulación empezó a perder la esperanza y Shackleton sabía que tenía que mantener el espíritu motivado, de lo contrario, no lograrían soportar la soledad y desolación en medio de la nada. Organizaron partidos de hockey, juegos de futbol en el hielo, celebraban los días festivos, cantaban el himno, y hacían carreras de perros con sus trineos a las que llamaban el derby de la Antártica.

Después de 10 largos meses los bloques de hielo empezaron a ceder, pero en lugar de liberar al Endurance empezaron a fracturarlo hasta que se hundió y quedó en el fondo del mar. Mientras pudieron, los miembros de la tripulación bajaron provisiones, trineos, botes salvavidas y cuanta cosa pudieron antes del hundimiento. Si alguna vez se ha sentido atrapado, desesperado por lo que pasa alrededor, seguramente imaginará lo que sentía la tripulación a lo largo de estos agonizantes meses.

En medio de la desesperanza en el campamento helado, Shackelton le prometió a su tripulación que todos regresarían a Inglaterra sanos y salvos. No les permitió pensar en la posibilidad de fallar y les asignó tareas diarias que todos irían rotando para mantenerlos activos y con sentido de propósito. Les recordaba con frecuencia del viaje de regreso y les pedía que compartieran cómo era el lugar donde vivían, cómo eran sus esposas, sus hijos, siempre daba por hecho que el viaje de regreso sería un éxito y logró que el objetivo de alcanzar ese sueño, se convirtiera en el impulso del trabajo y el propósito de la tripulación.

El 12 de abril, 4 meses después del hundimiento, el bloque de hielo en el que estaban acampando se desplazó 30 millas hasta llegar cerca de la Isla Elefante. Con un gran atrevimiento Shackleton y la tripulación decidieron abordar tres botes salvavidas para llegar hasta la isla.

Aunque el lugar seguía siendo inhóspito, lograron hacer un refugio y la única fuente de alimentación eran pingüinos. El capitán sabía que sin vegetales él y sus hombres contraerían escorbuto y morirían, por lo que con enorme determinación, el capitán y 5 hombres abordaron uno de los botes y partieron en busca de una estación ballenera en la isla de South Georgia, a 25 millas de distancia, a través de mar abierto y en medio de una tormenta; sin nada más que un compás para guiarlos, 17 días después, el 10 de mayo, lograron llegar a la Isla de Georgia. Hicieron una excursión de 36 horas y finalmente llegaron a la estación ballenera. Una vez ahí, transcurrieron casi 4 meses de fallidos intentos para regresar por su tripulación, cuando finalmente pudo regresar a la Isla Elefante y sorprendido, encontró que 105 días después de irse, los 22 miembros restantes estaban vivos con la esperanza de ser rescatados.

Como Shackleton había prometido, regresó por ellos y los llevó sanos y salvos a casa. Juntos unieron sus fortalezas para sobrevivir, a pesar de la terrible adversidad.

Como la historia lo refiere, es en los momentos de gran adversidad cuando ponemos a prueba nuestro propósito, nuestros objetivos en la vida. Josef Schumpeter habla de la “destrucción creativa” y refiere que sin destruir no se puede construir.

Desafíos como el actual presentan una gran oportunidad de ser creativos, de profundizar en nuestro portafolio de oportunidades. Una persona con esta capacidad de reflexión, procura las siguientes características:

  • Vive su proyecto con PASIÓN, PASIÓN, PASIÓN…
  • Está dispuesta a asumir riesgos y no se conforma con el status quo;
  • Busca continuamente una oportunidad;
  • No le teme al fracaso y confía en sus capacidades;
  • Corre la “milla extra” y trata de ser diferente;
  • Tiene la capacidad de ver el “bosque completo”;
  • Se rodea de la gente correcta y valora el trabajo en equipo;
  • Procura a la familia y fortalece su espiritualidad.
  • La inteligencia emocional es un gran aliado para hacer frente a la ansiedad, la tristeza o la depresión. Bien vale la pena revisar el nivel de conciencia de nosotros mismos y aprender y mejorar estas capacidades.

    Así pues, dejemos de sufrir la crisis y vivamos este momento de “destrucción creativa” revisando nuestro propósito, regresando a lo básico y valorando la magnífica oportunidad de cultivar nuestra capacidad de reflexión, introspección y espiritualidad.

    Luis García Peña
    Director General
    INVESTRA