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Fuerza Chile

Fuerza Chile

Cansada, llegando de "carretear", lo único que quiero es dormir cuando desde el piso 17 de mi edificio veo como toda la ciudad se queda a oscuras, un gran apagón inundó Santiago. Segundos más tarde, las alarmas y los perros advierten sobre lo que pasará en los próximos 2 minutos. Pareciera que estamos dentro de la boca de un lobo: tratando de ser comidos, sin poder mantenernos en pie. El ruido es insostenible cuando un segundo remezón promete que el edifico se vendrá abajo. El silencio vuelve y yo tiemblo: hay que bajar.

8.0 grados en la escala de Richter nos movieron el piso y llenaron el cuerpo de terror. Sin embargo, los 8.8 alcanzados en la zona centro-sur del país nos dejaron el corazón en la boca y repleto de horror. Sin luz, desinformados, sólo una radio se escucha en la calle Warren Smith, donde todos los vecinos están atentos a qué ha pasado en las ciudades de Talca y Concepción (la zona de epicentro). Aún no hay nada claro.

Con el amanecer vuelve la energía, la televisión, la información... A penas se sabe qué es lo que ha pasado, pero no si se han descartado alertas de tsunami. La verdad, a estas alturas una ola gigante ya habría arrasado con una docena de balnearios de la costa chilena, pueblos y caletas. En Santiago (y las autoridades) nos enteraríamos horas más tardes.

La tierra también hizo lo suyo y se llevó a centenares de personas. Cayeron edificios y miles de casas están inhabitables. Los damnificados son innumerables. Hay que trabajar.

Es increíble ver cómo el país se mueve rápidamente para ayudar. Se ha reconocido que los jóvenes han sido fundamentales en esta parte: construir casas, recolectar dinero o lo que sea, sabemos que podemos hacerlo y lo damos todo. Es indescriptible, no tengo palabras para explicarles cómo sale de nuestros corazones ese instinto tan animal de ayudar a quienes lo han perdido todo.

En nombre de mis hermanos chilenos quiero agradecer toda la ayuda: la fuerza y energía que ha llegado a este rincón del mundo.

Pasó la gran alarma y hoy nos concentramos en la reconstrucción. Miles de personas necesitan un techo, comida, luz y sobre todo agua. No debemos olvidar que un terremoto dura más que dos minutos, son años marcados en la tierra, en la piel y en la vida.

¡FUERZA CHILE!

Por: Catalina Tarud Karl