Estimado lector, en esta ocasión lo invito a reflexionar en el impacto de los temas globales en nuestra vida cotidiana y la importancia de fortalecer nuestra capacidad de ser y nuestro sentido de propósito en la vida.
Vivimos en un mundo con cerca de 6,500 millones de personas, caracterizado por interdependencia y conexiones globales, así como formidables flujos de información.
Algunos gobiernos son actores renuentes dentro del proceso global, reaccionando al estira y afloje de dos amorfos y conflictivos grupos u organizaciones; por una parte, 63,000 empresas multinacionales, con un impresionante despliegue de nuevas tecnologías con las que han acelerado los flujos de comercio e inversión cruzando fronteras, generando actividades, para bien o para mal, indispensables para el progreso de la humanidad.
Motivadas por una férrea competencia, estas firmas erosionan la soberanía, lastiman al medio ambiente (British Petroleum en el Golfo de México) y ponen en riesgo a la economía mundial.
En el segundo grupo, resultado del primero, una nube de entidades no-gubernamentales que van desde Al Queda y Hamas, hasta Green Peace y Aministía Internacional, luchando por la conciencia del mundo… como lo revelan los medios, esta es muchas veces, una batalla sangrienta.
La globalización desafía a aquellos que amenazan la concepción tradicional de nacionalismo, a aquellos que creen que una nación como Estados Unidos o una organización como Al-Queda pueden hacer lo que les plazca en el mundo, sin importar la ley internacional y el derecho de los demás; a aquellos que no han entendido que sin migración no puede haber globalización.
Nos presenta una nueva realidad, con nuevos problemas como el colapso financiero y la recesión, el sida o el SARS o la degradación ambiental, el efecto invernadero, el tráfico de drogas y el terrorismo… problemas que forman parte de un espacio geopolítico que algún día deberá tener instituciones requeridas para un gobierno global.
Algunas manifestaciones de esta nueva realidad:
En 2008 Estados Unidos originó un colapso financiero que arrastró al mundo a una profunda recesión no vista desde los años 30. Entre 1933 y 1980, la economía estadounidense mantuvo un crecimiento estable, sin desastres financieros y una creciente igualdad en el ingreso.
De pronto apareció una contracorriente ideológica. Con la promesa de que el gobierno dejara de ser un obstáculo y buscando restaurar la fuerza del libre mercado, el presidente Reagan y los economistas más reconocidos, iniciaron 30 años de desregulación… Un escándalo seguido por otro, la crisis de los “Savings and Loans” en los 80´s; el colapso de Long Term Capital en 1998 seguido de un rescate orquestado por el gobierno; la caída de Enron en 2001; el crecimiento desregulado de la burbuja de los bienes raíces, junto con la invención de mecanismos de inversión cada vez más complejos y desregulados; el tema de Maddof, directamente atribuible a un clima antirregulatorio en la SEC y finalmente el desastre en el sistema financiero de 2008.
El análisis es vasto y uno de los grandes cuestionamientos que se hacen en diversos foros globales: ¿qué pasó con las personas que tomaron decisiones incorrectas afectando a tanta gente?; ¿qué parte de la formación en las escuelas de negocios del Ivy League omitió reforzar el concepto de cultura del esfuerzo y el comportamiento ético?
La incidencia de la depresión en sociedades desarrolladas es creciente y parece ser consecuencia de la incapacidad de las personas por aprender y desarrollar conceptos básicos de inteligencia emocional.
La manera de enfrentar a los desafíos de la vida, de sobreponernos a una pérdida o ser empáticos con los demás, nuestra capacidad de procurar la paz interior, son temas que hoy analizan con detalle tanto en Asia como en Occidente y una de las conclusiones contundentes es que hemos perdido de vista la importancia de definir nuestro propósito en la vida.
El propósito nos indica qué queremos hacer con nuestra vida y cómo queremos y podemos apoyar a otros. Cuando tenemos una clara visión de nuestros objetivos, nos acercamos al cumplimiento de nuestro propósito y por lo tanto a la paz interior.
Es un buen momento para recordar la importancia de hacer introspección, de analizar qué es lo que nos mueve y motiva, qué es lo que nos apasiona.
Es un buen momento para CAMBIAR y fortalecer los motores internos que nos permitan reencontrar el rumbo.
Por: Luis García Peña
lgarcia@investra.com.mx