You are missing some Flash content that should appear here! Perhaps your browser cannot display it, or maybe it did not initialise correctly.

You are missing some Flash content that should appear here! Perhaps your browser cannot display it, or maybe it did not initialise correctly.

You are missing some Flash content that should appear here! Perhaps your browser cannot display it, or maybe it did not initialise correctly.

Navegación

Divina Evolución

Divina Evolución

Hace 63 años en nuestro país, se le permitió a la mujer votar por primera vez, el hecho de que se nos diera la oportunidad de elegir a quienes gobernarían nuestro país, fue el inicio de toda una evolución en cuanto nuestro status en la sociedad. El siglo XX, fue una época de revelación para la figura femenina, no sólo con el uso del pantalón, prenda que era estrictamente usada por hombres, si no que se diseñó una prenda que mostraría un lado menos conservador, el bikini, dichos eventos fueron los que impulsaron que la mujer fuera peleando terreno en la sociedad, hasta hoy en día que no sólo podemos votar y exigir derechos, si no que podemos sobrellevar importantes puestos en empresas, y hasta gobernar países. Hemos llegado al punto donde no sólo somos pilares de la familia, si no importantes figuras públicas, en cualquier ámbito: musical, empresarial y político, se nos ha permitido hasta cierto punto ser “jefas” de la casa, traer el pan a la mesa y que esto no sea mal visto, el éxito que ahora representamos jamás había sido tan festejado como lo es hoy en día.

Es innegable que los esfuerzos de nuestros ancestros, hoy lo podemos celebrar y aprovechar, y de que les estaremos eternamente agradecidas. Pero el otro día, tras escuchar el comentario de un compañero de clase, en cuanto a la mujer moderna, me hizo dudar si con esta nueva libertad que se nos ha dado, ¿la hemos convertido en libertinaje?. Oir que “las mujeres de hoy en día, dejan su dignidad en la casa, antes de salir el viernes por la noche”, no sólo dejó dudas y sentimientos encontrados, sino hasta cierto punto me dio un poco de coraje, por nosotras mismas, hemos derrochado nuestros derechos, re gorjeado que ahora somos independientes, que no sólo podemos ser madres, sino que podemos controlar, gobernar y marcar tendencias, y en vez de que sigamos siendo figuras dignas de admiración, ahora empezamos a ser temidas. La radio el otro día reportó cifras impactantes, el 48% de las agresiones denunciadas ahora provienen de mujeres, ¿en qué momento cambiamos de roles?. Tanto nos quejamos del machísimo, que parecía interminable, y al parecer ahora somos nosotras quienes somos las malas del cuento. Lo peor del caso, es que seguimos culpando a los hombres de la violencia intrafamiliar, de los niveles de alcoholismo y de discriminación, cuando todo indica que son esas tres cosas de las que ahora nosotras pecamos; el nivel de alcohol consumido es mayor en mujeres que en hombres, y para bien o para mal, las empresas para verse un poco más modernizadas están otorgando más puestos a mujeres que a hombres, sobre todo aquellos grandes puestos. ¿Nos hemos aprovechado de nuestra evolución como mujeres?, tantos años que nos quejamos de cómo nos discriminaban, no estoy diciendo que no siga habiendo casos, de cómo nos golpeaban y cómo no somos tomadas enserio, y ahora que tenemos estos beneficios los estamos desaprovechando.

Tenemos que poner especial atención, ésta es una llamada de advertencia, no podemos permitir que comentarios como los que yo escuché, empiecen a tener más popularidad. Estoy de acuerdo que las generaciones van avanzando, mas esto no debe significar que nuestros escotes deben de aumentar, que las faldas deben de ser más cortas, que tomemos más y que seamos más promiscuas.

La mujer siempre, hasta cierto punto, ha sido vista como una figura impecable, casi perfecta, alguien que nunca descuidaba a la familia, aquella que la mantenía unida a pesar de su trabajo y de cualquier circunstancia. Todo esto sin olvidar que siempre hemos sido la combinación perfecta entre la sensualidad, inteligencia, y sensibilidad. Es por eso que no pude evitar escribir este llamado, para invitar a todas las mujeres que no permitamos que los hombres tengan algo de qué hablar, y menos algo malo. Por nuestro bien, tenemos que bajarle a la forma en que tomamos, no por lo que dirán sino por lo que nuestro cuerpo nos reclamará más adelante; dejar de ser promiscuas, porque a las únicas que lastimamos es a nuestra reputación y nuestros sentimientos y por último no pequemos de los mismo que los hombres pecaron por tantos años, el poder que se nos ha otorgado tenemos que usarlo sabiamente, con mente fría y sentimientos fuera.

Por: Natalia de la Fuente