"Hemos de ligar un gran pasado con lo que queremos que sea el gran futuro de México y de América.” Rivera
Diego Rivera es uno de los pintores más famosos que México ha producido. Su obra, desde el formato pequeño hasta el monumental, culminó en maravillosos frescos encabezando el “renacimiento del muralismo mexicano”. Trabajó desde el paisaje hasta el retrato y por encargo pintó a artistas, políticos, damas de sociedad, mecenas y niños, recurriendo reiteradamente a elementos característicos de una mexicanidad: alcatraces, trajes y muebles regionales. Muchas de sus obras “menores”, realizadas con gran maestría, son realmente una extensión de su pintura mural -el verdadero tesoro narrativo- con una visión izquierdista y crítica socio-política mexicana.
En 1886 nace Rivera en Guanajuato. Desde los 10 años estudió arte en la antigua Academia de San Carlos en México y continuó sus estudios en Europa gracias a una beca otorgada por el gobernador de Veracruz. Lo influenciaron diversos estilos desde el renacentista hasta el cubista y tuvo la oportunidad de relacionarse con otros artistas de su talla como Picasso y Modigliani.
De regreso en México, Rivera participó junto con otros artistas, como Orozco y Siqueiros, en el proyecto de educación artística encomendado por José Vasconcelos, siendo Secretario de Educación Pública. En 1922 pinta su primer mural en la Escuela Nacional de Preparatoria diferente a los otros en técnica y temática.
Su tiempo libre lo usó para documentase visualmente de fiestas indígenas y plantas industriales modernas. Poseyendo una curiosidad insaciable por la ciencia, crea grandes composiciones más personales y significativas, desarrollando su propio estilo nativo, basado en figuras simplificadas con colores alegres con clara influencia Azteca. Su arte, a la manera de los steles Maya, cuentan historias. Éstas se aprecian en la Secretaría de Educación Pública, la Escuela Nacional de Agricultura de Chipango, el Palacio Nacional en la ciudad de México y el Palacio de Cortés en Cuernavaca, entre otros.
Creó también una serie de murales en Detroit y San Francisco en los Estados Unidos y aunque fue reconocido con dos retrospectivas, una de ellas en el MOMA de Nueva York, sus murales siendo controversiales, defendían su mérito artístico, empero su política fue calificada como “detestable” en los años 50. Su mural en el Centro Rockefeller en Nueva York fue removido por incluir el retrato de Lenin, cancelándole otros encargos. Su creencia política radical, su ataque a la Iglesia y el clero, así como su afiliación con los Trotskyistas, hicieron de él una figura controversial incluso dentro de los mismos círculos comunistas.
Rivera fue un mujeriego notable, quien tuvo por lo menos cuatro hijos con distintas mujeres. Se casó dos veces con una estudiante de arte 20 años menor que él, Frida Kahlo y su última esposa fue Emma Hurtado, su galerista. Murió en 1957.
En suma, Diego Rivera fue partidario de un arte descriptivo, lleno de referencias iconográficas tradicionales y abanderó una ideología socialista que se vieron reflejados en su trabajo. A pesar de su vida controversial, sus murales y demás obras lo colocan dentro de los primeros lugares en el mundo del arte.