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Crecer por dentro

Crecer por dentro

Dedico este artículo a Luis García Peña y a toda su familia, que también es la mía.

“Somos lo que somos,
no por lo que escribimos,
sino por lo que leemos”.

Jorge Luis Borges

De la mano de Antoinette.

De prisa, acelerado (como frecuentemente andamos todos), entré a una librería; tenía un viaje en puerta, y vislumbraba la posibilidad de aislarme y disfrutar de una buena lectura, esa lectura que se disfruta doble, porque alejados de nuestras rutinas nos vuelve más sensibles e incrementa nuestra capacidad de reflexión y asombro. Fue el único libro que vi, parecía llamarme; ligeramente entreabierto me invitaba a explorar su contenido; además, el título era altamente atractivo, describía mi estado de ánimo de ese momento – alterado - minutos antes de tomar la salida de mi vuelo. ¿El título? ALTERADOS, preguntas para el siglo XXI, de Federico Reyes Heroles. Cuando terminé de devorar el libro, quedé exhausto, inquieto, confundido, perturbado; en pocas palabras, alterado. Déjame tratar de explicarme, el autor FRH nos invita a hacer un alto, a reflexionar, y cuestionarnos los cambios permanentes y vertiginosos que nos afectan, para a partir de ahí intentar respuestas que nos ayuden a entender y den sentido a nuestras vidas. Es un ensayo inteligente, que parece reunir la paradoja de ser profundo, y a la vez, comprensible, entendible, aterrizado. No aspira a respuestas absolutas, más bien, a dejarnos pensando, a continuar el debate, la discusión y a descubrir nuestras propias conclusiones. Leer a gente inteligente es un buen ejercicio para la mente, para construir pensamientos y sentimientos. A veces siento que voy subiendo un faro, y si bien la luz ilumina a la distancia, a medida que asciendo y voy tomando altura, me doy cuenta que se amplía el horizonte; me invade entonces, la sensación de que es más lo que desconozco que la certidumbre. Hay tres aspectos esenciales que me dejaron alterado. En primer lugar, me da la impresión que las líneas de pensamiento son cada vez más imprecisas, menos claras, y que si bien dar un sentido a la vida como un todo ha sido la misión central de la filosofía, no encuentro en nuestros días cuál es la filosofía predominante. En segundo lugar están los avances; el fantástico vértigo tecnológico/científico que avasalla nuestras vidas. ¿Nos hemos dado espacio para reflexionar sobre ellos? ¿Son lo que deseamos? ¿Los entendemos realmente? ¿Sabemos su origen, sus causas, sus efectos? Finalmente, en tercer lugar, avizoro cierto grado de pérdida de la armonía, del equilibrio, de una visión holística que dé una lectura integradora y de conjunto.

Yo sé que es imposible desligar el vértigo a nuestras vidas, que todo cambia y cambia rápido, pero me gusta darme tiempo y espacio para interpretar el rumbo de la impredecible marea que nos envuelve y nos arrastra. Prefiero caminar pensando que puedo influir en el resultado; que no todo está escrito, que puedo decidir, que de mí depende mirar en mi interior o hacia las estrellas en la búsqueda particular de mi sentido.

Después de tantas divagaciones, de ir venir por el laberinto de los pensamientos, te hago una invitación, que a la vez, es una provocación. Creo que sería bueno meditar, aunque sea unos minutos al día, y preguntarnos: ¿cuál es nuestra pequeña parte en el proyecto monumental de la existencia humana?

Termino, querido lector, con una deliciosa historia que menciona FDH en su libro, y que le da el título a mi escrito que hoy comparto.

Antoinette Faure era una amiga de Marcel Proust en los años de adolescencia temprana en que el escritor apenas iniciaba su aventura literaria. Tenía ella por costumbre llevar un diario, en el que repetía un cuestionario de 22 preguntas que sus amigos y conocidos respondían y que ella atesoraba. Corría el año 1886, la torre Eiffel estaba en construcción. Tenía quince años Marcel cuando tocó su turno. Antoinette logró de una forma simple y contundente un rastreo del alma, de los sueños y esperanzas de toda una época de finales del siglo XIX. Las circunstancias hicieron que a través del tiempo el diario de la muchacha se convirtiera en el “Cuestionario Proust”. Más allá de esta bella historia, es bueno que toquemos las cosas simples, como una forma de explorar nuestra conciencia y particular forma de leer la vida. Vale la pena, entonces, detenernos, respirar profundo y tomados de la mano de Antoinette responder desde lo más profundo de nuestra alma las preguntas de su diario atemporal: Tu virtud favorita. Tus cualidades favoritas en un hombre. Tus cualidades favoritas en una mujer. Tu ocupación favorita. Tu característica principal. Tu idea de la felicidad. Tu idea de la miseria. Tu color y tu flor favorita. Si tú no fueras tú, ¿quién te gustaría ser? ¿Dónde te hubiera gustado vivir? Tus narradores favoritos. Tus poetas favoritos. Tus pintores y compositores favoritos. Tus héroes favoritos en la vida real. Tus heroínas favoritas de la vida real. Tus comidas y bebidas favoritas. Tus nombres favoritos. Lo que más te disgusta. Los personajes de la historia que más te desagradan. ¿Cuál es tu estado de ánimo actual?¿Ante cual falta eres más tolerante? Tu frase favorita.

¡Te deseo buena suerte en tus respuestas!

Por: Carlos A. Zertuche
carloszz54@hotmail.com