Alemania dio un paso importante la semana pasada. A consecuencia de ello, es de esperar una normalización de las condiciones de los mercados.
Al cierre de la semana pasada el Parlamento alemán dio luz verde a la ley que permite al gobierno aportar hasta 150 mil millones de euros como parte del programa de estabilización coordinado entre el FMI y la UE. Si bien este anuncio es positivo, ya que Alemania ofrecerá la mayor contribución de este programa, aún preocupa las repercusiones económicas que pudieran generar las medidas de austeridad a las que se verán sujetas las economías de la región del euro.
La magnitud del paquete, 750,000 millones de euros, busca evitar que se presenten ataques especulativos en contra del euro. Esta acción no sólo pone a disposición de los países con dificultades financieras una enorme cantidad de recursos, sino que también envía la señal a los mercados de que la UE y el BCE no van a permitir que caiga el euro.
De no actuar así, la viabilidad del euro como moneda común de un conjunto de países europeos quedaría en entredicho. La pérdida de confianza en los países europeos con problemas financieros ha estado elevando su riesgo de insolvencia y, muy probablemente, hubiera desencadenado la suspensión de pagos de algunos de ellos. En tal sentido, al problema que se veía venir con Grecia se le estuvo agregando el de España, Portugal, Italia e Irlanda.
Sin embargo, no hay que perder de vista que el paquete de estabilización financiera aporta recursos a los países con dificultades, pero no soluciona el problema principal relacionado con la existencia de elevados niveles de deuda pública y de déficit fiscal en cada uno de ellos. La combinación de ambos es explosiva, ya que el financiamiento de los elevados niveles de déficit fiscal provocará cada vez un mayor crecimiento de la deuda total. De aquí la necesidad de reducir lo más pronto posible el nivel actual del déficit público en cada uno de estos países, y de corregir el pecado original de la zona del euro que es la ausencia de una política fiscal común.
Por lo pronto, Grecia, España, Portugal y otros países se están viendo sometidos a severos programas de ajuste fiscal. Esto, sin duda, mermará su capacidad de crecimiento económico y la del conjunto de la Unión Europea, por lo que es previsible observar un estancamiento económico de la región durante los próximos años.
Por otro lado, la disposición de una enorme cantidad de recursos financieros para los países con problemas fiscales, así como la política del Banco Central Europeo de adquisición de bonos gubernamentales, a la vez que otorga tiempo a dichos países para que lleven a cabo los ajustes presupuestales correspondientes, tenderá a reducir la presión sobre los mercados de deuda, por lo que las tasas de interés deberán moderarse poco a poco.
El euro, por su parte, probablemente seguirá resintiendo presiones bajistas derivadas no sólo de la inquietud que pueda generar la persistencia de la problemática principal de los países de la zona, cual es la existencia de enormes déficit fiscales, sino también por el poco incentivo que tendrán los inversionistas para invertir en una zona en estancamiento económico y con reducidas perspectivas de ganancias y elevados riesgos, aunque controlados.
Pero no sólo eso. En vista de que en términos generales la política fiscal de la zona del euro será contractiva durante los próximos años, es de esperar que las autoridades responsables de la política económica de la zona promuevan la debilidad del euro, como un mecanismo de favorecer la competitividad y las exportaciones hacia otras regiones del mundo. La diferencia con el episodio de las últimas semanas es que tales movimientos en el tipo de cambio tenderán a ser un tanto más controlados.
Sin embargo, la depreciación del euro no puede ser exagerada. En lo que va del presente año ya se registra una depreciación acumulada de 17.0%, por lo que llegado el momento podría generar algunas presiones inflacionarias, que tarde o temprano obligarían a restringir la política monetaria, aunque en sentido contrario estaría jugando la contracción de la demanda agregada, producto de la restricción fiscal.
En resumen, la carrera contra el tiempo a la que se verán sujetos algunos países de la zona del euro para tratar de reducir al máximo sus niveles de déficit fiscal, provocará el estancamiento económico de la zona durante los próximos años, fenómeno que irá acompañado de la debilidad del euro y la reducción de las tasas de interés, mientras que las presiones inflacionarias que la depreciación provoque podrían ser contrarrestadas por la caída de la demanda agregada.
Por: Lic. Rodolfo Navarrete
Director de Análisis Estratégico
Casa de Bolsa Vector
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