El ahorro de energía es un tema que cada vez más llama la atención entre todos nosotros. ¿Pero qué quiere decir ahorrar energía, qué tiene eso de bueno?
Ahorrar energía tiene que ver con todo lo bueno en el mundo entero. Tiene que ver con el futuro de nuestros hijos. Tiene que ver con el aire que respiramos, el agua que tomamos, la capa de ozono, los animales que tanto nos gustan, los bosques, las flores; en fin, con todo lo más hermoso que existe en nuestro planeta. También tiene que ver con nuestros bolsillos, pero eso es sólo la punta del iceberg.
¿Por qué tiene que ver con todo esto? Porque las centrales eléctricas convencionales que nos abastecen de electricidad son contaminantes. La electricidad en sí es una forma de energía muy limpia y no nos ensucia la casa; pero su generación, allá donde se encuentran las centrales eléctricas lejos de casa, ensucia el aire, el agua y la naturaleza. Entonces, mientras más energía consumimos, más contaminamos nuestro medio ambiente. No sólo estamos gastando más dinero en recibos de luz, sino que estamos causando desastres ecológicos que no tienen precio.
Una casa promedio consume XXX kWh anuales y como consecuencia, emite XXX toneladas de CO2 al aire; esto sin contar el consumo de grandes cantidades de agua. En algunos casos, se producen residuos tóxicos y radioactivos de los que no existen hoy en día soluciones convincentes sobre su deshecho.
Existen formas limpias de producción de energía que son las energías renovables; éstas pueden ser solares, eólicas y geotérmicas, entre otras. Poco a poco, este tipo de fuentes de energía limpia se están introduciendo a la red eléctrica que nos abastece de energía. Podemos instalar, con el apoyo de la CFE, colectores solares fotovoltaicos en nuestros techos, y con la aplicación de medidores bidireccionales, reducir notablemente nuestros recibos de luz.
Además de generar nuestra propia energía limpia en casa, podemos acudir a una serie de estrategias que nos permiten ahorrar energía. Algunas de ellas son sencillas y económicas; otras, más complicadas y costosas. Comencemos por las primeras. Podemos reducir notablemente nuestro consumo de luz con sólo cambiar nuestros hábitos. Esto es, apagando luces cuando no son necesarias y poniendo el termostato en temperaturas razonables. No tenemos porqué tener las luces prendidas cuando no las necesitamos ni congelarnos en casa durante el verano. Estrategias más costosas, pero que igualmente valen la pena desde el punto de vista económicoy ecológico incluyen cambiar equipos viejos de aire acondicionado por nuevos, cambiar el tipo de iluminación por uno más eficiente y aislar nuestras casas para que las temperaturas del interior sean más estables.
Existen muchas posibilidades para que nuestro hogar sea un hogar de energía limpia y eficiente. Reduciendo nuestros recibos de luz y haciendo un bien para nuestro planeta y para futuras generaciones que lo van a habitar. Pongamos nuestro grano de arena para un futuro mejor.
Rogelio Leal Cueva
rogelio@soleco.com.mx